Objectivo CO2

Primero, de los archivos palo climáticos se podrían deducir muchas de estas sensibilidades. Para esto se requiere una estimación lo suficientemente ajustada sobre los cambios en la temperatura global y las medidas de los diversos forzantes. Sin embargo, hay giros en la historia. Primero, es muy difícil obtener ‘estimaciones lo suficientemente ajustadas’ sobre cambios en la temperatura global. Las temperaturas del siglo pasado se han logrado estimar bien. Las de unos pocos siglos anteriores, razonablemente bien, mientras que las temperaturas de los grandes cambios asociados con el ciclo glacial e inter glacial han sido solo potencialmente bien estimadas. La precisión en algunos siglos hacia atrás es de un decimo de grado, pero esta precisión es imposible de lograr en el último período glacial máximo o el Plioceno (3 millones de años atrás). Sin embargo, como la señal es mucho más notable en los períodos más recientes, o sea, de muchos más grados, la relación señal/ruido es similar.

Segundo, así como se pueden inferir muchos forzantes de registros paleo climáticos (los más notables son las burbujas de gases de invernadero atrapadas en los corazones de hielo), muchos otros no se pueden inferir. La distribución de aerosoles de sulfato es incierta aún hoy, y en el último período glacial máximo, es casi completamente libre. Esto se debe en gran parte a la heterogeneidad de su distribución y hay problemas similares con el polvo y la vegetación. En cierto sentido, es la disponibilidad de adecuados registros de forzantes lo que dictamina qué tipo de sensibilidad se puede deducir de éstos. La eficacia de los distintos forzantes es más sutil, en especial aquellos que tienen marcas regionales diferentes, lo cual hace más difícil la suma de diversas condiciones que podrían ser de importancia en cualquier momento específico.

Por último, pero no por ello menos importante, el Sistema de Sensibilidad Terrestre no es estable a lo largo del tiempo geológico. Se hace muy difícil decir en cuánto podría variar, pero por ejemplo, es muy claro que desde el Plioceno al Cuaternario, los últimos ̴ 2,5 millones de años de ciclos de glaciación, el clima se ha vuelto más sensible a los forzantes orbitales. Por lo tanto, es concebible, pero no probado, que cualquier sensibilidad climática derivada de la paleo climatología, al final de cuentas, no se aplicaría para el futuro.

Hemos examinado frecuentemente la limitación de la sensibilidad de Charney para el último período glacial máximo. Se tiene información sobre los gases de invernadero (CO2, CH4 y N2O), se reconstruyeron cambios en las capas de hielo y la vegetación, y se han estimado forzantes de polvo. Recientemente, se ha estimado que la magnitud de estos forzantes es de alrededor de 8 +/- 2 W/m2 (Schneider von Deimling et al, 2006). Esto implícitamente incluye otros cambios en los aerosoles y en la química atmosférica junto con la sensibilidad o equivalentes, asumiendo que los cambios son insignificantes. De modo que, con un cambio de temperatura de entre 5 y 6°C, se obtiene una sensibilidad de Charney de alrededor de 3°C, que va desde 1.5 a 6°C si se hacen las sumas de incertidumbre.

Hansen sugiere que los cambios producidos por el polvo también deben ser considerados como un mecanismo de retroalimentación rápido (¿Podrían también considerarse como retroalimentación rápida los cambios en el CH4?) y esto ciertamente tiene sentido si se incluyen los cambios producidos por la vegetación en la ecuación de retroalimentación. Debido a que todos estos forzantes del último período glacial máximo (LGM, por sus siglas en inglés) son iguales (ejemplo: son todas realimentaciones positivas para el cambio de temperatura a largo plazo), ello implica que la sensibilidad del Sistema Terrestre debe ser mayor a la sensibilidad de Charney en estas escalas temporales, y para el presente período geológico. Hasta aquí, todo bien.

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